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Mensaje a los militares patriotas

Militares patriotas, ustedes son herederos de las glorias que marcaron las páginas más hermosas de nuestra historia. Ustedes son herederos de un Ideal Nacional, legado de aquel grande de nuestra Patria, aquel que forjó nuestra nacionalidad con el filo de su espada. Ustedes son hijos de ese gran Centauro de los Llanos, ese gran León de Payara, el General José Antonio Páez, el mismo que en su arremetida contra el ejército expedicionario de Morillo, en la Batalla de las Queseras del Medio, arrolla y aplasta con su caballería de lanceros a pelo y descalzos a esas tropas invasoras. Es ese mismo León guerrero el que, en medio del veloz avance de la caballería, ruge «¡vuelvan carajos!» y, en una mortal estampida patriota, obliga a una huida inmediata de los realistas. Ustedes son legítimos herederos de tamaño personaje.

Luego de dos siglos de aquella gloria, la Nación, hoy en sus horas más oscuras, implora, como nunca lo había hecho, sus brazos y desvelos.

No dejen que las matrices de opinión generadas por los partidos políticos, y su vil y decadente “dirigencia”, los aparten del camino de lo verdaderamente correcto. Ellos -los politiqueros- se encargaron únicamente de satanizar la institución militar, denigrándola al punto de convertirla en mera sirviente de los partidos -como en muchas ocasiones se ha evidenciado-, para asegurarse, de esa manera, que los militares nunca más velarán por el Bien Nacional, la defensa de nuestra Soberanía frente a invasores extranjeros y la recuperación de nuestros territorios usurpados y despojados – funciones que son símbolo inequívoco de la virilidad de dicha institución y que son el destino absoluto de su existencia.

Durante 58 años ustedes recibieron órdenes de los seres más despreciables que ha padecido nuestra Venezuela. Han sido estos mismos seres los que, con sus acciones y omisiones (bajo el disfraz del “resguardo de las instituciones democráticas” y una falsa doctrina que pretende prostituir la noble carrera de las armas), enquistaron en el seno de la institución militar la obediencia ciega a ese supuesto “sistema democrático”, que no fue y no es otra cosa más que el sistema de partidos quebradores de la Patria. De esta forma, los politiqueros de siempre escondieron la más alta traición con intenciones claras: la subordinación del Bien Nacional a la estabilidad y goce de prebendas y prerrogativas partidistas, así como la entrega gradual y progresiva de nuestra Soberanía a invasores extranjeros; dejándonos, como resultado, esta desgracia.

Entendiendo la delicada posición en la que se encuentran y la apabullante situación que viven -en la que sus unidades están intervenidas por el invasor cubano, que cualquier posibilidad de acción honorable es rápidamente repelida, que las vidas de oficiales y soldados patriotas y sus familiares se ven amenazadas al menor intento de queja y en la menor muestra de disconformidad, y en la que, además, son blanco de constantes ataques mediáticos-, no queda otra cosa más que alentarlos para que actúen en consonancia con la esencia absoluta que los define y determina como lo que son: SOLDADOS al servicio de la Nación. Jamás olviden que su muerte y Gloria son Gloria y vida para la Nación venezolana.

Este mensaje de aliento no es ni remotamente un premio de consolación, ni mucho menos justifica su pasividad. Pero entendemos lo que viven en los cuarteles y condenamos la traidora matriz de opinión posicionada por los “partidos políticos” de este sistema, de los cuales se hacen eco los ya enteramente arrodillados medios de comunicación (pues hecha visible la condescendencia de dichos medios para con la tiranía comunista, los mismos decidieron tomar partido a favor del bando antipatriota, relegándolos a ustedes a un tercer plano).

Militares venezolanos, muchos, quizás muchísimos más de los que ustedes pueden acaso imaginar, anhelan su intervención para devolverle la libertad a la Nación y revivir la gloria que forjó nuestro gentilicio (ver mi artículo intitulado Dos caminos, un destino). Entiendan que la desesperanza aprendida, la prisión emocional y la baja autoestima a las que fue rebajada la población por parte de toda la clase política, hacen que la misma ciudadanía los desdeñe a ustedes y los descalifique. El mayor temor de esta clase política cleptocrática es tener que afrontar con honor y determinación el gran deseo que los identifica a ustedes, dado el miedo que los politiqueros sienten de ser apartados de la “mayoría electoral contundente” de venezolanos – mayoría que la dirigencia partidista se encargó de determinar y reducir.

Militar patriota, no permitas que esas máscaras te inhiban de tu deber, como en la práctica ha sucedido. Ya es hora de dejar atrás los resentimientos, para ver hacia el futuro con el objetivo de proyectar nuestra Nación hacia la Grandeza y la Libertad. Ya es hora de redimirte ante el tribunal de la Historia; y es que esa historia la componen también tus hijos, tus nietos y toda tu descendencia, que cuestionará y condenará su propia estirpe en vista de la omisión que se haga hoy.

En este sentido, me permito citarles la siguiente Proclama al Ejército de la Provincia de Caracas en ocasión del 5 de julio de 1811:

«Militares de Caracas, vosotros, que habéis conseguido con las armas los derechos de la Patria, regocijaos en ella por el glorioso suceso de este día. Sí amigos, el Supremo Congreso de la Nación ha acordado su absoluta independencia; han expirado, desde este instante, los títulos imaginarios con los que la opresión nos había oprimido. Para siempre dependemos de nosotros mismos, bajo el gobierno que constituyamos, y ya NINGÚN EXTRANJERO TIENE DERECHO PARA DOMINARNOS.

Guerreros ilustres, ved ahí vuestra recompensa, LIBRES E INDEPENDIENTES, ya tenéis una Patria con quien solo tienen relación sus hijos; y ella implora vuestros valerosos brazos para conservarla en la alta dignidad a la que ha subido, y, entre tanto, que con las solemnidades debidas, promulgue su nueva felicidad.

Oh soldado heroico, el gobierno se congratula de vosotros, ESPERANDO QUE SOSTENGÁIS CON CONFIANZA LO QUE HAS TRAIDO CON DESVELO EN ESTA JORNADA MEMORABLE.

Caracas, 5 de julio de 1811

Juan Escalona, Presidente en turno. Secretario de guerra, Ramón García Decena.»

A nuestros nietos les contaremos el recuerdo de una Venezuela heroica, marcada por traiciones pero forjada en medio de sacrificios y de nobles hazañas; para que con su pecho henchido de patriotismo conserven con celo y fiereza aquello que ustedes, los militares dignamente venezolanos, habrán de ayudarnos a recuperar: la Grandeza, la Prosperidad y la Libertad.

Venezuela quiere ORDEN.

@NelsonRZ33
@OrdenVenezuela